Carta de un profesor sobre la tecnología y el coronavirus

El uso de las TICs en el aula se lleva utilizando desde hace tiempo en nuestro sistema educativo. Ello ha implicado también una puesta a punto para nuestro centro, los profesionales de la enseñanza, los propios alumnos y las familias. Ha sido y sigue siendo un desafío que se ha puesto de manifiesto en esta crisis sanitaria que estamos padeciendo por el Coronavirus.

Para nuestro colegio, este desafío ha supuesto introducir la tecnología en las aulas. Se han instalado recursos para poder llevarlo a cabo: wifi, ordenadores, tablets, teléfonos, pantallas digitales, plataformas educativas, blogs y entornos digitales. También, y en aras de la ecología, se ha ido suprimiendo la información que se les da a las familias en papel, para ofrecérsela a través de la tecnología.

A los profesionales de la enseñanza nos ha obligado a reciclarnos, formarnos y crear nuestros propios materiales. Ahora, aunque también seguimos utilizando el papel, nos servimos de la tecnología para ofrecer unos recursos que antes no teníamos. Los alumnos tienen acceso a la información como antes no lo habían tenido. Esto ha cambiado el desempeño del profesor en el aula. Ya no somos los únicos facilitadores de información. Los libros también han pasado en muchos casos a un segundo término. A través de internet se puede indagar, descubrir y ampliar conocimientos. El papel del profesor en este momento es de facilitador de recursos y de orientador del aprendizaje.

Para los escolares este cambio ha sido más fácil. Son generaciones digitales que se han incorporado al reto con facilidad.

En cuanto a las familias, se han dado respuestas dispares al asumir el reto. Algunas se han negado de principio y otras nos demandaban más recursos digitales.  La labor del centro se ha inclinado por convencer a las más remisas e ir dotando de recursos a profesores, alumnos y padres para hacer efectiva la educación digital.

Desde mi experiencia personal en el colegio Internacional SEK El Castillo, ha sido un camino que llevamos recorriendo desde hace más de una década. Recuerdo que una familia del colegio se tuvo que trasladar hace años a Australia por motivos de trabajo. Estuvieron allí casi dos meses.  La posibilidad de seguir el proceso educativo de su hija en la distancia nos supuso una primera prueba de fuego.

Mi experiencia en el aula durante este tiempo es muy positiva. Considero que la tecnología es una herramienta que facilita nuestra labor. El docente puede poner a disposición de sus alumnos: objetivos, programación, actividades y el sistema de evaluación de todo el curso, para que sigan su propio ritmo de aprendizaje. También nos permite asignar tareas, realizar un seguimiento de las mismas y optimizar el tiempo que dedicamos a los alumnos con dificultades.

En nuestro caso, el centro dispone de los recursos antes mencionados. Este sistema de trabajo resulta atractivo, aumenta la motivación y el compromiso para aprender. En la mayoría de los casos, el propio alumno puede comprobar si sus respuestas son acertadas o erróneas al instante. No debe esperar a la corrección pertinente. En realidad, hace a los estudiantes responsables de su propio aprendizaje.

Ha llegado el Coronavirus y ha puesto a prueba este sistema educativo. Considero que estamos preparados para afrontar el reto porque esta forma de trabajo lleva siendo una realidad consolidada en nuestras aulas. No es un entorno nuevo para nuestros alumnos y familias. Creo que somos unos privilegiados porque es un camino que ya llevábamos andado. Contamos con los recursos necesarios para continuar el proceso de aprendizaje, aunque no lo podamos desarrollar en nuestras aulas físicas. Lo podemos desarrollar en nuestras aulas virtuales gracias a la tecnología.

Fco. Javier García de Villoslada Ojanguren

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